domingo, 8 de abril de 2012

¿DIMITIR O NO DIMITIR? (Página nº 903)

He leido el caso de la concejal de Bienestar Social del Ayuntamiento canario de La Laguna, una persona que fue detenida tras ser perseguida por la polícia local por conducir en dirección contraria y que al ser sometida a un control con el alcoholímetro triplicó la tasa máxima permitida. Aunque puso su cargo a disposición del alcalde éste se limitó a cambiarla de departamento y llevársela a Presidencia, algo así como una forma de aparentar acción para que no suceda nada.

En esta circunstancia me planteo si hubiera sido más conveniente la dimisión irrevocable o dejar las cosas como estaban, casi medida mejor que ese numerito "sancionador" francamente inútil. Porque por un lado se dice en otros medios que la concejal estaba desarrollando un buen papel en su concejalía, luego en caso de continuar casi hubiera sido mejor que fuera en esa labor que venía desarrollando. Pero por otro lado los cargos políticos se basan en la confianza del ciudadano, al menos en la teoría, y esta confianza queda cuestionada ante conductas de este tipo porque nos hacen pensar que puede ser un error puntual pero también una situación usual que sólo esta vez se ha detectado y en los cargos políticos convendría, como en otros trabajos, mostrar una cierta ejemplaridad, una referencia moral que aquí se ha perdido. Porque estamos hablando de delitos, así tipificados, aunque relativos a conductas privadas como son la ingesta de alcohol vinculadas a la conducción, y eso hace más complejo saber si debería dimitir o no.

Leo también en un artículo, cuyo enlace dejo más adelante, que más de una veintena de cargos políticos han sido pillados cargados de alcohol en esos controles y menos de la mitad presentaron su dimisión inmediata o tras resolverse el juicio o conocerse la sanción, en tanto que el resto permanecieron como si nada en sus cargos o, como en el citado, trasladados a otros departamentos, y yo en esa tesitura pienso que aunque legalmente nada les impediría seguir en su cargo lo cierto es que, moralmente, sus conductas quizá merecieran un mayor rechazo social, por esa ejemplaridad que debieran mostrar, que les llevase, de inmediato, a presentar su renuncia. Pero claro, habiendo políticos acusados de delitos mayores que ocupan puestos destacados en las listas electorales y hasta ganan en número de votos tras conocerse su implicación en escándalos, tampoco podemos esperar mucho más.

Enlace mencionado:


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