jueves, 4 de agosto de 2011

PAGAN LOS MUERTOS (Página nº 132)




Hace casi tres años la casualidad hizo que estuviera en la T-4 cuando el avión de la compañía Spanair se salió de pista provocando una de las mayores tragedias de la aeronáutica en suelo nacional, pues apenas veinte minutos antes del accidente llegábamos en un vuelo procedente de Paris, y , sin embargo, como conté en el Diario Improbable, no tuve conocimiento del accidente como tal hasta llegar a la estación de Atocha y con más precisión y detalle en el viaje a Ciudad Real en el Ave: (http://daimiel.cuadernosciudadanos.net/totem/2008/08/20/tragedia-hoja-del-diario-no-911-/)

Hoy he vuelto a recordar la alarma del taxista ante la importante columna de humo que se veía desde la parada de taxis de la T-4, el despliegue del servicio de emergencias que nos fuimos cruzando en el regreso a Madrid, y puedo comprender, mínimamente claro, lo que ha podido suponer para los supervivientes y los familiares de las víctimas no sólo la tragedia sino el resultado del informe para intentar explicar los motivos que provocaron la salida de pista y sus consecuencias. Porque siendo yo lego en la materia no termino de aceptar un informe que culpabiliza a la tripulación y pretende exonerar a la compañia, cuando parece obvio que allí hubo mucho más que errores de los pilotos.

Ya digo que desconozco casi todo de este asunto, que me atengo a lo aparecido en los medios, pero uno tiene la sensación de que no se quiere hacer justicia con las víctimas, que de nuevo los intereses empresariales se superponen a la verdad y se pretende instrumentalizar a los pilotos muertos con aviesas intenciones corporativistas y la más que probable presión de las aseguradoras esquivando sus compromisos.

Yo recuerdo aquella columna inmensa de humo donde el experto taxista señalaba final de pista. El humo, al parecer, permanece, tratando de crear confusión y engaño para no asumir responsabilidades. Entiendo la indignación de los afectados, la falta de sensibilidad y generosidad con ellos es verdaderamente lacerante.

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